Excedencia por cuidado de familiares: requisitos y cotización durante tres años

Tu padre tiene 81 años, una demencia que avanza rápido y ya no puede quedarse solo ni cuatro horas seguidas. Tú trabajas a jornada completa, tienes hipoteca, y la respuesta que te da tu empresa cuando pides "unos días para organizarme" es que no hay ningún permiso pensado para esto. ¿Qué haces? Existe una figura legal pensada para estos casos: la excedencia por cuidado de familiares. Hasta 2023 perjudicaba más la futura pensión, pero desde entonces su tratamiento ha mejorado.
- Qué es exactamente esta excedencia y quién puede pedirla
- Cuánto dura y cómo se puede fraccionar
- La gran confusión: esto no es lo mismo que la excedencia voluntaria
- El cambio de 2023: tres años considerados cotizados
- Cuánto te va a costar realmente: un ejemplo con números
- Y si no puedes permitirte dejar de trabajar del todo: la reducción de jornada
- La ayuda para cuidados en el entorno familiar
- Excedencia o permiso retribuido de 5 días: no elijas mal
- Cómo se solicita, paso a paso
- Otras preguntas frecuentes
- Qué pasa si necesitas cuidar a más de un familiar, o se alarga más de tres años
- Qué hacer antes de dar el paso
Qué es exactamente esta excedencia y quién puede pedirla
La excedencia por cuidado de familiares está recogida en el artículo 46.3 del Estatuto de los Trabajadores. Permite dejar de trabajar temporalmente para cuidar al cónyuge o pareja de hecho, o a un familiar hasta el segundo grado de consanguinidad o afinidad, que no pueda valerse por sí mismo y no desempeñe ninguna actividad retribuida. El segundo grado incluye a padres, suegros, abuelos, hijos, nietos, hermanos y cuñados: es un abanico más amplio de lo que mucha gente piensa.
No hace falta ningún tipo de convivencia previa ni antigüedad mínima en la empresa. Basta con acreditar el parentesco y la situación de dependencia, normalmente con un informe médico o el certificado de grado de discapacidad o dependencia del familiar.
Cuánto dura y cómo se puede fraccionar
La duración máxima es de dos años, salvo que tu convenio colectivo establezca un plazo superior; conviene revisarlo, porque en algunos sectores el margen es mayor. Lo interesante es que se puede disfrutar de forma fraccionada: no hace falta cogerla de golpe. Puedes pedir tres meses ahora, reincorporarte, y solicitar otro periodo más adelante si la situación de tu familiar empeora, siempre dentro del límite legal.
Durante el primer año tienes derecho a la reserva de tu mismo puesto de trabajo. Pasado ese año, la reserva pasa a ser de un puesto del mismo grupo profesional o categoría equivalente, no necesariamente el mismo. Conviene tenerlo claro antes de pedirla.
La gran confusión: esto no es lo mismo que la excedencia voluntaria
Mucha gente mezcla esta figura con la excedencia voluntaria, y son cosas muy distintas. La voluntaria exige normalmente un año de antigüedad, no da derecho a reserva del mismo puesto (solo preferencia de reingreso) y no cuenta como cotizado. La excedencia por cuidado de familiares, en cambio, sí protege tu puesto y, como veremos, sí cuenta a efectos de cotización durante los tres primeros años. Si estás valorando parar de trabajar temporalmente y tienes un familiar dependiente a tu cargo, casi nunca tiene sentido pedir la voluntaria en su lugar: pierdes derechos sin necesidad.
El cambio de 2023: tres años considerados cotizados
El artículo 237 de la Ley General de la Seguridad Social, tras la reforma del Real Decreto-ley 2/2023 (en vigor desde el 18 de marzo de 2023), establece que se consideran cotizados de forma efectiva los tres primeros años de excedencia por cuidado de un familiar, a efectos de jubilación, incapacidad permanente, muerte y supervivencia y nacimiento y cuidado de menor. Como la excedencia dura, salvo convenio, un máximo de dos años, los tres años solo se agotan si el convenio permite una excedencia más larga. Antes de esa reforma, el cuidado de familiares (no de hijos) solo tenía reconocido el primer año como cotizado, lo que penalizaba sobre todo a quienes cuidaban de padres o suegros mayores frente a quienes cuidaban de hijos pequeños, que ya tenían los tres años reconocidos desde antes.
Dicho de forma sencilla: aunque durante la excedencia no estés generando cotización real porque no trabajas, la Seguridad Social hace como si hubieras trabajado a jornada completa esos tres años, de cara al cálculo de tu pensión. No es que te ingresen dinero ni que tu base de cotización suba; es un reconocimiento a efectos de prestaciones, que evita que esos años desaparezcan de tu historial laboral y reduzcan tanto los años cotizados como el porcentaje de base reguladora que te corresponderá al jubilarte.
Esto tiene especial relevancia si pensamos en la brecha de género en las pensiones: son mayoritariamente mujeres quienes piden estas excedencias, y la penalización histórica en la cotización durante los cuidados familiares ha sido uno de los factores que más ha alimentado esa brecha. Igualar el tratamiento del cuidado de familiares al del cuidado de hijos corrige, aunque sea parcialmente, una discriminación real que llevaba años sobre la mesa.
Cuánto te va a costar realmente: un ejemplo con números
Imagina que llevas 25 años cotizados cuando decides pedir dos años de excedencia para cuidar a tu madre. Sin el reconocimiento del artículo 237, esos dos años se perderían a efectos de cálculo de la pensión: seguirías teniendo 25 años cotizados reales el día que te reincorpores, con un hueco de dos años sin cotización en tu historial. Con el reconocimiento actual, la Seguridad Social computa esos dos años como si hubieras trabajado a jornada completa, así que llegas a los 27 años cotizados a efectos de jubilación, incapacidad permanente y muerte y supervivencia. No es una diferencia simbólica: en pensiones donde cada año adicional cotizado puede mover el porcentaje de la base reguladora, dos o tres años reconocidos de más marcan una diferencia real en la cuantía final.
Y si no puedes permitirte dejar de trabajar del todo: la reducción de jornada
No todo el mundo puede permitirse económicamente una excedencia sin sueldo, por mucho que el puesto quede protegido. La alternativa legal es la reducción de jornada por cuidado, que en el caso de familiares funciona de forma parecida: puedes reducir tu jornada entre un octavo y la mitad, con la reducción proporcional de salario, y, según el artículo 237.3 de la LGSS, las cotizaciones de un periodo de esa reducción se computan incrementadas hasta el 100 % a efectos de determinadas prestaciones. Para muchas familias esta opción es más realista que dejar de trabajar por completo.
La ayuda para cuidados en el entorno familiar
Si el familiar al que cuidas tiene reconocido un grado de dependencia a través de la Ley de Dependencia, existe una prestación económica específica para cuidados en el entorno familiar, gestionada por cada comunidad autónoma dentro del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD). Esta ayuda es compatible con estar en excedencia y, aunque su cuantía varía según el grado de dependencia reconocido y la comunidad autónoma, conviene valorar solicitarla en paralelo. Vale la pena tramitar el reconocimiento de la dependencia del familiar cuanto antes, porque el procedimiento administrativo suele tardar varios meses, y cuanto antes lo inicies, antes empezará a generar derecho a esa prestación una vez resuelto.
Excedencia o permiso retribuido de 5 días: no elijas mal
Antes de pedir la excedencia, comprueba si tu situación encaja mejor en el permiso retribuido de 5 días por accidente o enfermedad grave, hospitalización o intervención quirúrgica sin ingreso que precise reposo domiciliario de un familiar. Es un permiso mucho más corto, pero se cobra el sueldo íntegro, algo que la excedencia no ofrece. Si la situación grave de tu familiar es puntual, ese permiso puede bastarte sin necesidad de renunciar a tu salario durante meses. La excedencia tiene sentido cuando el cuidado va a prolongarse en el tiempo, no para una hospitalización de unos días.
Cómo se solicita, paso a paso
El trámite en sí es sencillo, pero hay que hacerlo bien para que no se cuestione después.
Primero, presenta una solicitud por escrito a tu empresa indicando la fecha de inicio, la duración prevista y el motivo (cuidado de familiar, especificando el parentesco). Después, acompaña la solicitud de un informe médico o certificado que acredite que el familiar no puede valerse por sí mismo; no hace falta un grado de dependencia reconocido oficialmente, aunque si lo tienes, simplifica mucho las cosas. Guarda copia de todo, incluida la comunicación de la empresa aceptando la excedencia con sus fechas exactas: este papel es el que necesitarás después para que la Seguridad Social compute correctamente el periodo. Y si más adelante detectas un error en tu vida laboral, por ejemplo que el periodo no aparece o aparece mal, puedes solicitar su revisión directamente ante la Seguridad Social.
Un error habitual es no guardar bien la documentación del proceso. Si dentro de veinte años tienes que demostrar ese periodo para tu jubilación y no tienes papeles, te vas a complicar la vida bastante más de lo necesario.
Otras preguntas frecuentes
¿Puedes trabajar para otra empresa mientras estás en excedencia por cuidado de familiar? No: la ley exige que el familiar no pueda valerse por sí mismo y que tu dedicación esté orientada a su cuidado, así que compatibilizarlo con otro empleo remunerado desvirtúa el sentido de la excedencia y puede ser motivo de que la empresa la impugne. ¿Y si te despiden mientras estás en excedencia? Si la empresa rescinde tu contrato de forma improcedente durante ese periodo, conservas los mismos derechos que cualquier otro trabajador despedido, incluida la indemnización que corresponda; para la prestación por desempleo cuentan tus cotizaciones previas; conviene consultar tu caso con el SEPE.
Qué pasa si necesitas cuidar a más de un familiar, o se alarga más de tres años
El reconocimiento íntegro de cotización se limita a los tres primeros años por cada situación de cuidado. Si la excedencia se prolonga más allá, porque tu convenio lo permite o porque encadenas periodos, el tiempo adicional no tiene el mismo tratamiento automático y hay que valorar caso por caso, normalmente con asesoramiento específico. Y si tienes que cuidar de más de un familiar en momentos distintos de tu vida laboral, primero un padre, años después el otro, cada situación genera su propio derecho independiente, con sus propios tres años.
Qué hacer antes de dar el paso
Si estás en esta situación, no te lances a pedir la excedencia sin antes hacer varias cosas. Calcula cuánto te va a suponer económicamente estar sin sueldo, o con sueldo reducido si optas por la jornada parcial, y compáralo con las ayudas a las que podría tener derecho el familiar al que cuidas, porque en muchos casos hay prestaciones compatibles que no se piden por puro desconocimiento. Inicia cuanto antes el expediente de dependencia si tu familiar todavía no lo tiene reconocido, porque los plazos administrativos son largos y cada mes de retraso es una ayuda que no vas a poder recuperar con carácter retroactivo completo en todos los casos. Y pide por escrito a tu empresa la aceptación de la excedencia con fechas concretas antes de dejar de ir a trabajar: no basta con un acuerdo verbal, y menos aún si más adelante necesitas demostrar ese periodo ante la Seguridad Social.
Esta es una de esas figuras legales que existen precisamente para que cuidar de alguien no te cueste la jubilación. Conocerla bien, y sobre todo conocer el cambio en la cotización, marca una diferencia real en cómo llegas a tu pensión de jubilación el día de mañana.

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