El estudio “New Vision for Education: Fostering Social and Emotional Learning Through Technology” analiza el papel que la tecnología puede potencialmente desempeñar para mejorar la educación en el futuro. En pleno siglo XXI, los estudiantes necesitan ir más allá del aprendizaje académico tradicional y deben ser expertos en habilidades como colaboración, comunicación y resolución de problemas, destrezas desarrolladas a través del aprendizaje social y emocional.

Este nuevo informe elaborado por World Economic Forum en colaboración con The Boston Consulting Group, es la continuación del estudio ya publicado en 2015 sobre la falta de habilidades y el modo de lograrlas a través de la tecnología. El informe estableció 16 competencias claves para la educación en el siglo XXI:

Alfabetizaciones fundamentales:

  • Habilidad para leer y escribir
  • Habilidad numérica
  • Educación científica
  • Educación Financiera
  • Educación Cultural y Cívica

Competencias:

  • Pensamiento crítico y resolución de problemas
  • Creatividad
  • Comunicación
  • Colaboración

Cualidades de carácter:

  • Curiosidad
  • Iniciativa
  • Persistencia
  • Adaptabilidad
  • Liderazgo
  • Conocimiento social y cultural

En el nuevo informe, el WEF examina las habilidades sociales y emocionales que resultan fundamentales para la incorporación al mercado laboral en el futuro, ya que se estima que el 65% de los niños trabajarán en empleos que no existen en la actualidad en los que serán claves destrezas como la creatividad, la iniciativa y la capacidad de adaptación.

Por tanto, el uso de la tecnología en la educación juega un papel fundamental en el fomento de estas habilidades de una forma eficaz y rentable al ser una herramienta que tanto padres como educadores pueden utilizar para complementar y ampliar la experiencia de aprendizaje de los niños.

Sin embargo, existen barreras que impiden alcanzar todos los beneficios como es el conocimiento escaso, la insuficiente priorización, la ausencia de conocimiento sobre la medición o los bajos niveles de financiación y recursos. A esto, hay que sumar la falta de acuerdo entre los grupos de interés en una clara definición de estas habilidades y la manera de medir su implementación y los resultados alcanzados.

En esta situación, son los responsables políticos los que deben estar en la vanguardia de la definición de la agenda para el cambio de política, priorizando esfuerzos que fomenten las habilidades y desarrollen las evaluaciones y mediciones, además de proporcionar financiación y otros recursos para la búsqueda y adopción de habilidades relacionadas con la educación tecnológica.

Por su parte, los padres y educadores juegan un papel vital ya que trabajando juntos pueden sacar el máximo provecho a la ed-tech.

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