¿Eres una persona con inteligencia emocional?

Todos conocemos aquello que nos molesta o nos saca de quicio y sabemos cómo reaccionamos ante estas situaciones, pero son pocas las personas que se enfrentan a situaciones que le irritan en el ámbito laboral de una forma eficaz.

Hay una cosa que está clara: las personas actuamos por impulsos y es algo que no puedes controlar y aunque lo intentes, las emociones son más fuertes que tú y, en general, terminarás cediendo ante ellas. Sin embargo, existe un modo de canalizar aquellas situaciones laborales que te desquician de una manera más efectiva, es la llamada inteligencia emocional, es decir la habilidad para gestionar bien las emociones tanto las nuestras como las de los demás generando resultados positivos.

¿Tienes buena o mala inteligencia emocional? Si eres una persona que entiende tus impulsos y los expresas con educación y sinceridad o piensas antes de actuar, te puedes considerar una persona con buena inteligencia emocional. Si por el contrario, eres una de esas personas que se enfadan con facilidad, que no sabe controlar sus impulsos o que se entristece con frecuencia, eres una persona con mala inteligencia emocional. Pero, no te preocupes porque está situación puede cambiar. Recuerda, que todo se puede mejorar y todo se aprende.

A continuación, te damos algunos hábitos que debes implementar en tu vida laboral para mejorar tu inteligencia emocional:

Analízate: Ten claras cuáles son las cosas que te hacen reaccionar de un modo emocional y cuáles son tus reacciones más comunes ante eso.  Piensa en ello e intenta afrontarlas de la mejor manera posible.

Sé empático: Conocer nuestras emociones no resulta sencillo pero si logras empatizar con tus compañeros verás los problemas desde su perspectiva y te ayudará a conocerles y saber por qué se sienten así.

Escucha: Las personas con buena inteligencia emocional se interesan sinceramente por los compañeros cuando tienen un problema personal o laboral.

Aprende a comunicarte: Si algo te molesta, dilo sin ofender y con respeto, eligiendo el momento más adecuado para ello.

No te guardes los problemas: Si te has sentido decepcionado o disgustado con la actitud de un compañero no te lo guardes ya que puede repercutir en tu salud. Háblalo con él de una forma clara y amable, si no terminaras explotando el día menos pensado.

Aléjate de las conductas negativas: Huye de rumores y críticas que pueden hacerte algunas personas del resto de compañeros. Lo mejor es que crees mecanismos para apartarte de ellas como con el humor.

Cuida tu lenguaje corporal: Tan importante es lo que digas con palabras como lo que expreses con tu cuerpo. Pero no sólo debes estar atento a tu lenguaje corporal si no también al de tus compañeros que te permitirá conocerles y saber cómo actúa.

Asume tus responsabilidades: Si has cometido un error asúmelo. Recuerda que rectificar es de sabios.

La inteligencia emocional no solucionará todos los problemas pero te ayudará a que el mal ambiente o una respuesta inadecuada de un compañero no te arruinen el día o te afecte en tus tareas diarias.